Te soñé salpicado de mi fantasma, y
eras tan real que dolía. No desentonaban, no se mostraban ajenos o
incoherentes sus rasgos en ti y creo que es la primera (o tal vez no
tan primera) señal de aviso. Te encontrabas casi totalmente solapado
y yo solo pude actuar como entonces. Como entonces que me equivoqué
y juré mil veces no volver a repetir semejante comportamiento. Una
ausencia de todo en pequeñas dosis puede provocar el sobrepaso de
todos los límites existentes que yo misma puse. Es hora, creo que es
ya el momento de dejar de decidir por mí pero aguantar por los
demás. Eras tan real.
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