martes, 11 de noviembre de 2014

Paradójicamente el mismo frío, el mismo cielo gris que me hace temblar en un rincón durante todo el día es el principal motivo por el que consigo salir de la cama cada mañana. No paro de repetir que no tengo nada que hacer cuando en realidad las tareas me comen pero tengo los ánimos tan bajo cero desde hace dos meses que mi (ya de por sí escasa) iniciativa se ha vuelto prácticamente inexistente. Como mal y duermo peor, sonrío menos que de costumbre y mi humor ha mutado de molesto a insoportable. Pero todavía existen personas que me ponen buena cara y es admirable. Aunque últimamente me esté llevando palos con las últimas personas que imaginaba, aunque esté cavando ya el hoyo para las que esperaba que sucediera en algún momento. Mi creatividad sube a la vez que bajan mis ganas de explotarla. Estoy rodeada todo el tiempo de lo que más me gusta y ni me acerco, me ofrecen continuamente herramientas y oportunidades para conseguir buenas cosas a través de ello y sigo construyendo mi muro. El mismo que tiré hace ya mucho tiempo (acto del que no dejo de arrepentirme cada día). La soledad voluntaria. Qué hay más bonito. Y qué más que te saquen de ella. Pero la soledad.

(infinito amor a las personas que saben cuándo venir y cuándo irse)

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