Al salir de la ducha ahora mismo me he quedado envuelta en la toalla mirando al desagüe. Por estas fechas hace un año lo estaba pasando tan mal que no consigo entender cómo sigo aquí. Era tan frágil y lloraba tanto que protejo demasiado mi indiferencia ahora. Estaba todo tan roto y yo tan perdida. Ida y vuelta e ida otra vez en menos de veinticuatro horas y qué ajenos todos a que no podía decir ni dos palabras. Presión y cambios y decepción para acabar siendo yo la que destrozase lo que me mantuvo (creo). Todo aprobado sin apenas tocar los libros porque mi cabeza estaba en un pozo tan profundo que ni siquiera intentaba sacar adelante algo. Estoy disculpada, pensaba. No quiero esto y la situación no me deja. No celebro el final de año yendo a una fiesta, a mí no me reservéis la entrada, me quedo en mi cama porque como salga a la calle puedo colapsar. De septiembre a enero mi vida fue tan a pique que no puedo creer estar aquí ahora. Entender lo que es no tener una casa, un lugar seguro ni siquiera en términos psicológicos. Vivir todo lo que siempre me dio miedo vivir. No querer volver nunca a la ciudad en la que mejor me he sentido. Sentir completos desconocidos a personas que han visto casi el cien por cien de mí. No hablar de lo que más me ha comido por dentro en toda mi vida. Hace un año estaba tan triste que ahora no entiendo por qué debería sentirme mal si las cosas no van bien. Ahora no sé en qué medida algo debería afectarme. He conocido a las personas que más he sentido cerca y las entiendo menos que a mí.
(añado a 3/11/2015 que hay días en los que respirar es realmente difícil y que sentir que te ahogas cuando realmente no pasa nada y que el pánico se apodere de cada milímetro de ti y sentir inseguridad en cada acción o pensamiento y el frío constante porque es interior
y ahora que tener la cabeza al borde del colapso y el cuerpo temblando y ser consciente de que no te apetece hablar de ello con absolutamente ninguna de las personas que conoces)
No hay comentarios:
Publicar un comentario