cuántas veces
con los ojos abiertos siendo yo la única
respirabas contra mi espalda
cuántas veces el agua, cuántas las prisas
y el sentimiento de no quiero
necesito quedarme aquí y volver
debajo
redescubrí los violines de amenábar
mientras acortaba distancias
pero
hemos puesto un cristal-espejo entre nosotros
y yo he enterrado por fin al primero
aunque solo sea
porque no dejas espacio a nada más
sí de piernas, pero coraza en el corazón
porque qué manía de cambiar
si siempre me fue bien
No hay comentarios:
Publicar un comentario