domingo, 14 de septiembre de 2014

Siempre me enamoro de los poetas, y de la utopía más inalcanzable. Tengo vocación de musa y la manía de grabar a fuego todos los días medianamente importantes en mi memoria. Por eso mi vida es una constante inspiración por tragedias que se convierten en los fantasmas de mi día a día. Te debo muchos lunes y muchos veranos muertos sometidos al capricho del sol. Estoy segura de que ni sospechas cuántas veces deshago y vuelvo a caminar por nuestros pasos. Me resulta imposible vivir sin versos, y ese es el motivo por el que me enamoro de poetas. Es infinitamente más atractiva la doble dirección de las palabras. No entiendo las cosas si no me las escriben, no soy capaz de analizar una idea si no la metaforizo. Y por eso baso mis creencias en símiles. Me enamoro de poetas porque saben plasmar en una frase lo que otros intentan expresar durante toda su vida. Son mentes trastornadas con un gran sentimiento de impotencia ante el amor. Escriben novelas, relatos, párrafos. Escriben biblias y manuales de instrucciones. Utilizan personajes y figuras literarias para intentar acercarse a un sentimiento que en realidad está a años luz. Me enamoro de poetas porque tengo vocación de musa. Me enamoro de poetas porque dicen, dicen y se contradicen. Me enamoro de poetas y creo que soy un alma suicida. Ninguna musa es eterna.

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