Era la única puerta que yo consideraba todavía abierta.
Gracias por echarme sin preguntar si quería irme.
Gracias por borrarme (porque siempre me escribiste a lápiz, por si acaso).
Gracias por manipularme y ahora dejarte manipular.
Gracias por el "yo no tengo nada malo que decirte" justo antes del "no quiero saber nada más de ti".
Voy a relativizar, porque si no lo hago podría arder ahora mismo. No tengo claro todavía si quemas por placer o por cautela. Esto sí que es una hostia de realidad después de la noche de ayer.
Yo ya solo escribo por si te acuerdas de leerme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario