sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Cuando dices que es arte te refieres a que lleva un "antónimo de" delante? ¿Cuando me cierras tus puertas un día aleatorio después de dos años manteniendo ese atisbo de regreso se trata de una decisión individual o condicionada? ¿Cuando la única persona que me conoce casi mejor que yo misma me dice muy seriamente, mientras bebe café, que todo este camino sentimental empezó pero también va a acabar en ti, es normal que no lo dude ni un segundo? ¿Puedes, por favor, enseñarme lo que eres ahora? ¿Por qué mantienes algo tan desgastado cuando siempre fuiste de novedades? ¿Por qué confías en algo que nació de una ruptura? ¿Yo te enseñé algo? ¿Qué fue verdad? ¿No tenéis en serio los suficientes sentimientos como para crear una vida juntos y no tirar de modificar la que fue nuestra? ¿Los verbos en pasado, para cuándo los dejo de utilizar? ¿No vas a salir? ¿Ese "yo de ti no puedo decir nada malo" que me confesaste a solas, dónde queda? ¿Pongo entonces el punto final con la llamada posterior y ella de fondo amenazando? ¿Empiezo ya a preocuparme en serio por esta obsesión o espero al fracaso de intentarlo por última vez? ¿Sabes que no haría nada mientras alguno de los dos siguiese acompañado? ¿Pero me confirmas ya lo que yo ya sé que sientes? ¿Y esa necesidad de enseñar continuamente vuestra puta nube de falsa felicidad?

Te escribo a ti y a nadie más de momento porque me quemas en los dedos. Porque ya están todos cansados de oírme mencionarte y porque yo misma pienso que tengo un grave problema cuando me sorprendo pensando en cómo forzar encuentros. Cualquier día llamo diciendo que no hay autobús de vuelta y que no lo pensé antes de subir. De los dos siempre hay uno que sufre más y no veo justo que siga siendo yo. Tú descargaste todo el daño que podías hacer a alguien en mí y yo jamás te deseé ningún mal. Así que si mi única forma de desahogarme sobre ti es escribir, y escribir con un deseo aquí en el fondo de que algún día llegues a leerlo, dejad de hacerme sentir culpable. Entre las cosas que no se eligen está esta (y créeme, nunca fue mi intención... pero eso ya lo sabes).

Y ahora respetándome bien poco, te enseño el principio de algo que lleva mucho tiempo escrito: ...de la inestabilidad, de las malas caras, de las broncas nocturnas. Me enamoré del dolor cuando me colgabas (...) de las contestaciones frías y de los celos. De los otros y de tus otras. (...) y dejábamos de ser dos. Me enamoré de nuestras idas y venidas, y aunque pueda sonar extraño, también me enamoré de tu risa, y de las tardes debajo de las sábanas haciendo nuestro mundo, y de

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...acuérdate tú.

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