Genero un odio infinito hacia todo aquel que cotidianiza los trastornos mentales, se autodiagnostica una puta mierda de etiqueta y lo utiliza como carta de presentación. Por eso he sentido una leve vergüenza de mí misma al pensar en mí por un segundo como "mente enferma". Pero creo que mis métodos para que no desaparezcas no son demasiado sanos psicológicamente hablando.
(ahora sé que gente me lee y me cuesta más escribir)
Tú me cuestas, tú me cuestas más que nadie; me pesas, me oprimes, me aprietas, se-me-aprieta-el-corazón-tan-fuerte-si-te-evoco. Tengo fragmentos de ti en cualquier parte, lejos unos de otros, sé que si los recompongo me desmonto yo.
Esto no va a acabar sin daño. Porque todo lo que tengo en mi cabeza se vuelve loco en cuanto tengo que explicarlo y tú como receptor tiendes a malinterpretarlo todo. A veces creo que desde que las palabras salen de mí hasta que llegan a otro se abre un abismo entre ambos que absorbe toda la buena intención de lo que digo y maximiza el ligero tono sarcástico convirtiendo mi frase en un puñal directo y fuerte no en el centro, sino ahí a la izquierda. Qué fácil es hacer las cosas bien después de quejarme a gritos.
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