martes, 10 de febrero de 2015

Uno de doce con un mayor porcentaje de felicidad que de tristeza. Aunque sepa que es pasajero. Aunque tenga demasiado claro que es únicamente para la transición. Que aunque tanto el nivel físico como el emocional hayan subido a la vez, uno se ha bloqueado. O lo he.
Siempre estás después de; siempre eres el que afloja el nudo cuando no quiero hacerlo sola. Pero esta vez es diferente, o lo haces diferente (o lo hago, creo que lo hago).
Creo que necesito una conversación tan larga sobre tantas cosas con alguien a quien le pueda contar todo que voy a explotar. No sé si el pensamiento de que a nadie le importa lo que tenga que decir es por autoconvencimiento o realidad. Imagino que la puerta sigue abierta pero a lo tuyo no entro.
De verdad y por primera vez en toda mi vida necesito decirle a una persona física que a todos nos toca alguna vez, que va mejor pero sigo teniendo miedo, que la vida decidió que eso no era suficiente y me obligó a sumar el "este no es mi sitio" y el "aquí no eres bien recibida" que me dolieron tanto, no por el hecho en sí sino por las circunstancias. Gritar que se me fue de las manos una de las cosas más importantes que tenía, pero que más a él, y que lo de dar por sentado que no echar de menos significa que no me siga jodiendo hasta el infinito dejadlo a un lado porque no es así. Que me sienten y me digan "habla", y ya está, que no necesito ni que me escuchen realmente. Enero acaba de ser como la recuperación de la segunda mitad del último año y si vuelvo a lo de antes creo que no podría aguantarlo más tiempo. Estoy buscando en el sitio equivocado pero no quiero irme. En ese sentido las cosas no podrían ir mejor y siempre me parece que camino sobre inseguridades. Cada vez duermo menos y mi autobiografía se titulará "Cinco minutitos más".

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