lunes, 1 de junio de 2015

llevo todo el invierno buscando mi cama
escapando
escondiéndome
no dejando ver quién soy

una vez más, tarde
no puedo dejar ni un final abierto porque apenas
he alcanzado el clímax

apenas he conocido y en absoluto he dejado que
pero así siempre tengo una última carta
una opción para

soy pseudotodo una vez más
pero al menos lo soy
con esto me vacío pero no estoy vacía
no soy mi cara ni mi ropa
ni mi sonrisa de intentar por primera vez
no parecer triste y enfadada con la vida

han sido nueve meses agridulces
pesando más lo malo y me he sobrepuesto a todo
he sabido lo que es no sentir que tienes una casa
porque en la nueva no dejan de golpearte y en la de siempre
todo es demasiado distinto

he conocido la soledad en su faceta más absoluta
no he tenido nadie para llorar
para hablar
para que entendiera que no entendía
qué hacía
ahí

no he sabido lo que es la lealtad
la tranquilidad
no me han devuelto nada de lo que di

no he tenido ganas de vida hasta hace
pocos meses
y no es por sentirme rota
es porque se rompió todo lo demás

mi vida se reduce a la palabra
distancia
en todas sus definiciones

no vestir de negro no significa que no tenga
el alma destrozada
a veces las ojeras no son de estar delante de la pantalla

que no comparta mi asco interior
que haya dejado de compartirlo
que en el balance entre una vida turbia o sencilla
haya escogido lo segundo
no significa que una puede deshacerse de lo que lleva dentro
de lo que es
de lo que le acompaña desde que tiene memoria
y de su debilidad, siempre

ahora que las cosas van bien
lo agradezco tanto que me siento
caprichosa por —en ocasiones—
no frenar la bilis

podría fotografiar esquinas vacías
paredes en blanco
tela negra de encaje

sombra de ojos corrida y cicatrices

pero he decido que yo no voy a ser mi carta de presentación nunca
no tengo nada que demostrar
sí que mostrar

y no necesito a nadie que decida lo que soy
lo que siento
lo que pienso
ni lo que me duele





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