creo que me repiten cinco veces al día lo enfadada que estoy con el mundo
con quince años (empiezo aquí porque de todo lo que fue antes no tengo recuerdos nítidos) no encontraba mi sitio en un pueblo normal con personas que se comportaban según su edad, el problema era yo que lo vívía todo (bastante más) intensamente. conocí a alguien que me hizo vibrar el pecho y poco a poco caí en una red de pérdida de autoestima, seguridad y control/posesión de mí misma. la histeria vivía en mí y se desataba cada vez con más frecuencia, con más fuerza, se transformó en una ansiedad constante que me impedía ser en singular, existir por motivos ajenos a alguien; me lo dijo, tan claro y tan conciso que seis años después parece estar oyéndolo de nuevo: qué te crees, tú sin mí no eres nadie. consideré más real esa frase que cualquier advertencia de mi entorno sobre lo que me estaban haciendo y en qué me estaba metiendo. uno cada vez más pequeño en el que solo tenían valor para hablar claro aquellas personas con las que no compartía ningún tipo de vínculo. me vendé los ojos y me ataron de piernas y manos. podía intuirlo todo y a veces incluso lo tenía delante y aún así solo me importaba una reconciliación más. un perdón después de una humillación más. un te quiero tan contundente y vacío que se desintegra antes de adquirir sentido.
me desperté un día cuando ya nadie esperaba que lo hiciera. dejé de justificar incluso cuando había justificado el episodio violento que yo había provocado, es que hay un límite y no lo cruzó. pero entonces no sabía que ese límite no es el único y además está mucho antes. hoy todavía digo que éramos niños.
después de eso viví una especie de espejismo. volví a coger la venda y volví a colocármela en los ojos. me pareció estar subiendo a las nubes porque lo que le endiosó fue barrer todos los trozos en los que me había descompuesto y ofrecerme algo que entendí como libertad. me gustas autónoma porque te enseño que así debes ser y estás loca porque yo te digo que eso me encanta. lo más breve que he vivido es hoy una constante en mi vida. de esto aún no consigo deshacerme.
cuando ya estaba al borde y solo me faltaba un héroe más para inclinarme hacia delante me pusieron un terreno de vida por delante. consideré que estaba bien y lo necesitaba porque me daba un suelo firme que pisar mientras intentaba reconstruirme en años difíciles. fui tremendamente agradecida y correspondí con paz, cariño y rutina agradable. para esto no tengo palabras malas más allá de que lo entendí como suficiente y adopté un rol conformista que me devolvió a la jaula. todavía hoy intento resolver la dicotomía entre las situaciones de opresión: duele más la impuesta o la decidida. en qué medida existe imposición en mi decisión. cómo puedo argumentar mi decisión en algo que me han impuesto.
la utilidad que esto tuvo no va más allá de un lugar al que volver y un techo en el que protegerse. lo grité tantas veces y de tantas maneras que terminé por ensordecerlo y solo lo supo cuando todo detonó. fue una época tan dura que la sucesión lógica solo podía ser esa: explotar. ni siquiera llegué a manchar la mitad de todo lo que había arrastrado.
releyendo me he dado cuenta de que he obviado por completo casi doce meses de mi vida: el resumen es exactamente lo anterior pero con desenlace fatal. de esto tampoco me desprendo hoy aunque solo sea por lo salvaje y lo animal.
lo que pasó entre lo último y lo siguiente es tan internamente complejo y doloroso que me lo voy a saltar porque para verme sangrar no hace falta echar la vista mucho más atrás ni mucho más adelante.
ya por último llegó algo puro. algo que no ha reposado lo suficiente como para que todo lo que diga esté meditado y reflexionado desde una cierta perspectiva; aún así creo estar segura de que hay tan poca ponzoña que sacar que su explicación aquí no es otra que el hecho de confundir mantener mi fuerza e independencia con nublarme ante algo que, de haber de sido otra manera, hace tiempo se habría quedado en mera anécdota.
terminado el periodo de estar en el limbo me falta llegar a una conclusión firme de si esta ausencia se debe a respeto o indiferencia. se ha criminalizado la insistencia y se ha llevado por delante el sentido común.
las feminazis me lo explicaron
existen niñas y mujeres a las que quiero que bien por edad o ritmo vital todavía les toca pasar todo esto. también mujeres a las que odié con toda mi alma, que sacaron toda la rabia que jamás creí tener para señalarlas y colocarles otra carga que tampoco nunca merecieron. y a mí también me colocaron muchas cargas. nacemos con tres veces nuestro peso a las espaldas y con todo ese peso cargan también contra aquello que busca aliviarnos. con el mundo ojalá estuviese solo enfadada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario