jueves, 18 de septiembre de 2014

Tenía algo escrito aquí. Pero releyéndolo parecía el "mítico discurso surrealista obsesivo sobre paranoias para ganar adeptos", entonces creo que dejar esto en blanco y empezar de nuevo es una buena opción. El autor de esa frase entrecomillada es una de las personas que dejo ir todo el tiempo aunque en realidad quiero que se queden siempre.

Son las 9:46 y a las 11:00 tengo clase, a las 10:30 debo coger un autobús y para no perderlo, es necesario que salga de casa a las 10:20. Esta ciudad me está cambiando.

Acabo de hacer una práctica de conducir y doy pena. "Tú haces de todo, la virgen" me dice otro; sí, como ya te dije, sé un poquito de todo y todo de nada. Todavía estoy esperando a que alguien me resuelva el dilema de qué es mejor.

No soporto escribir en párrafos y no sé por qué hoy me sale así. Pero acabo de (re)descubrir que me encanta madrugar cuando puedo administrar mi tiempo como yo considere oportuno. Tengo la habitación más pequeña de la casa pero no necesito más, ahora apenas hay luz porque las cortinas están cerradas y las luces apagadas y las últimas gotas de la fuerte lluvia que cayó antes golpean mi ventana y es una imagen tan manida que estoy pensando en si tachar esto último.

Me obsesiono con una palabra cada mes.

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